Un experimento con 80 tritones revela que transformarse para sobrevivir fuera del agua consume enormes reservas energéticas y afecta de forma desigual a machos y hembras.

Un equipo de científicos ha confirmado que los tritones que completan la metamorfosis pierden una cantidad significativa de peso corporal, y que las hembras pagan un precio biológico mucho más alto durante esta transformación. El hallazgo, publicado en la revista científica BMC Biology, cambia la manera en que entendemos uno de los procesos más fascinantes de la naturaleza.
La metamorfosis siempre había sido vista como una ventaja evolutiva, una especie de pasaporte biológico que permite a ciertos animales abandonar el agua y conquistar nuevos hábitats terrestres. Pero este nuevo estudio demuestra que el proceso también tiene un coste inmediato, profundo y medible: pérdida de masa corporal, reducción de la ingesta de alimento y un desgaste fisiológico que podría comprometer la reproducción futura.
Y hay un detalle todavía más inquietante: el cambio climático podría obligar a más anfibios a metamorfosearse antes de tiempo, justo cuando sus reservas energéticas son más frágiles.
El tritón que desafía las reglas de la biología
El protagonista de este estudio es el Lissotriton helveticus, un pequeño anfibio europeo capaz de hacer algo extraordinario. Algunos individuos conservan sus branquias y permanecen acuáticos incluso siendo adultos y fértiles. Este fenómeno se conoce como paedomorfosis.
Lo asombroso es que estos tritones pueden seguir reproduciéndose sin completar nunca la metamorfosis. Sin embargo, si las condiciones ambientales cambian —menos agua o temperaturas más elevadas— todavía pueden transformarse y adoptar una vida terrestre.
Ese detalle convirtió a esta especie en un laboratorio natural perfecto para los investigadores de la Universidad de Lieja. A diferencia de otros anfibios, aquí era posible comparar adultos reproductivos idénticos, diferenciados únicamente por haber realizado o no la metamorfosis.
La diferencia fue contundente. Todos los individuos que completaron la transformación perdieron peso de manera significativa. Los que permanecieron en estado paedomórfico no mostraron pérdidas netas. Pero hay un detalle que desconcierta a los científicos: el adelgazamiento no se debía únicamente a la reconstrucción interna del cuerpo.
La metamorfosis “apaga” el apetito
Los investigadores sometieron a 80 tritones adultos a distintas condiciones de temperatura y niveles de agua durante 85 días. El objetivo era inducir o evitar la metamorfosis simulando cambios ambientales reales.
El resultado reveló algo inesperado. Los animales que se acercaban a la metamorfosis comenzaban a comer menos incluso teniendo alimento disponible en abundancia.
Es decir: el organismo no solo gasta enormes cantidades de energía reorganizando tejidos, pulmones, piel y metabolismo. Además, reduce voluntariamente la entrada de combustible biológico. La metamorfosis se convierte así en una especie de “tormenta metabólica”: el cuerpo consume más mientras ingiere menos.
Este fenómeno ayuda a explicar por qué muchos anfibios llegan debilitados al final del proceso. Y también podría aclarar algunos patrones ecológicos observados durante décadas en poblaciones silvestres. Porque las diferencias entre sexos fueron todavía más sorprendentes.
Las hembras pagan un precio biológico mucho más alto
El estudio descubrió que las hembras comienzan a perder peso antes que los machos, adelgazan más y tardan más tiempo en completar la metamorfosis. En otras palabras: transformarse resulta mucho más caro para las hembras.
Esta observación refuerza la llamada “hipótesis del escape masculino”, una idea evolutiva que propone que los machos abandonan antes el medio acuático porque el coste fisiológico les resulta relativamente menor.
En la naturaleza, los científicos ya habían observado que los machos suelen metamorfosearse con más frecuencia. Ahora, por primera vez, existe una explicación fisiológica directa. Pero el contexto actual añade una capa todavía más preocupante.
Las pequeñas lagunas y humedales donde viven muchos anfibios europeos están desapareciendo progresivamente debido al aumento de las sequías y las olas de calor. En consecuencia, cada vez más individuos podrían verse obligados a metamorfosearse para escapar de hábitats acuáticos que literalmente se evaporan.
Y ahí emerge el gran dilema evolutivo: sobrevivir fuera del agua puede salvarles la vida a corto plazo, pero podría reducir drásticamente sus reservas energéticas para reproducirse más adelante. Los investigadores advierten de que estos costes energéticos deben incorporarse a los modelos evolutivos y climáticos utilizados para predecir el futuro de las poblaciones de anfibios.
Porque la metamorfosis, durante siglos celebrada como una maravilla biológica, podría esconder una factura mucho más elevada de lo que imaginábamos. Y quizá, en un planeta cada vez más cálido y seco, esa factura empiece a resultar demasiado difícil de pagar.
