
Cada 25 de abril, Aguascalientes no solo celebra a San Marcos Evangelista, también revive una historia que comenzó mucho antes de la fiesta, los conciertos y el bullicio de la Feria Nacional de San Marcos.
El origen del hoy emblemático Barrio de San Marcos se remonta al siglo XVII, cuando Aguascalientes apenas era una villa fundada en 1575 como punto estratégico en medio de la Guerra Chichimeca. Con el paso del tiempo, indígenas y trabajadores comenzaron a asentarse en los márgenes del poblado, hasta que entre 1615 y 1620 se conformó formalmente el pueblo de indios de San Marcos.
No era todavía el barrio que conocemos. Era una comunidad organizada, con identidad propia, que probablemente tomó su nombre de una pequeña capilla dedicada al evangelista. Con los años, levantaron una iglesia más formal —dedicada a la Virgen del Pueblito— y hasta un hospital para indígenas, lo que muestra que no se trataba de un asentamiento improvisado, sino de una población en crecimiento.
Ese crecimiento fue clave. La Corona española otorgó tierras y agua para cultivo, lo que atrajo a más habitantes y extendió el pueblo hacia el poniente de la villa. Durante los siglos XVII y XVIII, San Marcos se consolidó como un núcleo indígena activo, aunque con recursos limitados.
El cambio decisivo llegó en el siglo XIX. Tras la Independencia y con nuevas leyes que permitían a los antiguos pobladores registrar y vender sus tierras, comenzó una transformación profunda: las huertas y sembradíos dieron paso a casas, plazas y espacios de convivencia. Así, poco a poco, el antiguo pueblo indígena se convirtió en un barrio habitado por mestizos, criollos y españoles.
En ese proceso también nació una tradición que sigue vigente: la celebración religiosa en honor a San Marcos cada 25 de abril. Lo que inició como una fiesta con procesiones, música y danzas, fue creciendo hasta incorporar actividades lúdicas, comerciales y sociales.
Con el tiempo, ese festejo evolucionó hasta convertirse en la actual Feria Nacional de San Marcos, uno de los eventos más importantes de México.
Hoy, entre el ir y venir de visitantes, el Jardín de San Marcos y sus alrededores no solo son el corazón de la feria, sino el testimonio vivo de una transformación histórica: la de un pueblo indígena que, con el paso de los siglos, dio origen a uno de los barrios más representativos de Aguascalientes.
Entender ese origen permite ver la feria con otros ojos: no solo como una celebración, sino como la continuidad de una historia que lleva más de 400 años latiendo en el mismo lugar.
