A 16 años de su llegada al museo de sitio, especialistas garantizan la estabilidad de la escultura policroma más grande y mejor conservada del arte tenochca.

A dos décadas de su histórico hallazgo al pie del Templo Mayor, la diosa mexica Tlaltecuhtli se mantiene como una de las piezas más majestuosas y mejor conservadas del arte prehispánico. Hoy en día, la monumental escultura de 12 toneladas no solo capta la atención de miles de visitantes, sino que es testimonio de un riguroso proceso de resguardo y conservación que mantiene sus cinco colores originales impecables y estables.
Descubierta fortuitamente el 2 de octubre de 2006 por el Programa de Arqueología Urbana (PAU) —encabezado en su momento por el arqueólogo Álvaro Barrera— en el cruce de las calles República de Guatemala y República de Argentina, la «Señora de la Tierra» fue un hito para la arqueología mexicana, comparable con el hallazgo de Coyolxauhqui en 1978. Tallada en andesita de lamprobolita y sepultada a cuatro metros del nivel de la calle, la pieza permaneció oculta durante más de 500 años, pasando desapercibida para los conquistadores españoles.

Un desafío técnico y científico
La conservación de este monolito ha sido una tarea titánica y coordinada. La restauradora María Barajas Rocha, autora del libro De la excavación al museo: La restauración del monolito de la diosa Tlaltecuhtli (2019), destacó los retos que ha implicado la atención de esta joya escultórica en estrecha colaboración con el Proyecto Templo Mayor (PTM), dirigido por el arqueólogo Leonardo López Luján.
«Esta Señora es apasionante; su estudio, restauración y conservación han sido enriquecedores para todo el equipo, así como a nivel personal», compartió Barajas Rocha.
La trascendencia de Tlaltecuhtli radica en sus dimensiones, su relieve detallado, su simbología y, sobre todo, la asombrosa preservación de sus pigmentos: rojo, ocre, azul maya, blanco y negro. Entre sus rasgos físicos destacan:
- Cabello rizado rojo oscuro con propiedades magnéticas.
- Ojos profundos en forma de media luna, nariz ancha y una boca semidescarnada que sorbe sangre.
- Falda corta decorada con motivos de cráneos y huesos humanos.
- Extremidades terminadas en garras.
- Un hueco en el centro de la pieza, cuyo fragmento faltante aún no ha sido localizado.
De las profundidades a la vitrina del museo
El proceso de salvaguarda requirió intervenciones in situ e investigación minuciosa. En 2007, la pieza fue trasladada a la superficie dentro de un laboratorio de conservación temporal. Tras diez meses de estudios para consolidar la capa pictórica sin alterarla, los especialistas aplicaron un compuesto con base en sílice, químicamente compatible con la porosidad de la piedra.
Para garantizar su exhibición segura a partir de 2010, se monitorearon las condiciones de temperatura y humedad relativa en el museo de sitio durante casi un año. Esto permitió diseñar un espacio con iluminación especial e inmunidad a las variaciones climáticas.
Actualmente, Barajas Rocha colabora con especialistas del Museo del Templo Mayor y del Laboratorio de Diagnóstico de Obras de Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM (coordinado por Yareli Jáidar Benavides) en un proyecto de análisis por colorimetría. Este monitoreo de conservación preventiva permite vigilar los óxidos de hierro, carbonato de calcio y carbón de la pintura sin necesidad de someter el relieve a intervenciones directas.
Mantenimiento continuo
El cuidado de la Gran Señora de la Tierra no descansa. Dos veces al año se realiza una limpieza general mediante brochas suaves, perillas y aspiradoras sobre un andamio tubular, retirando el polvo y la grasa acumulados en la porosidad de la piedra.
Además, cada lunes —día en que el museo cierra sus puertas al público— el equipo realiza inspecciones minuciosas en el estado de conservación, revisando incluso las bases de madera que enmarcan la pieza y la zona inferior del monolito. Gracias a esta labor ininterrumpida de conservación preventiva, el gigante mexica continúa de pie, estable y listo para seguir cautivando a las futuras generaciones.
