Un hallazgo sin precedentes en Turquía revela que el pensamiento simbólico complejo y la noción de dominio sobre la naturaleza nacieron miles de años antes de las primeras grandes civilizaciones.

En las colinas del sureste de Anatolia, en uno de los asentamientos más antiguos del planeta, arqueólogos han desenterrado un hallazgo que redefine lo que sabíamos sobre las primeras comunidades humanas. Se trata de una escultura de piedra de unos 70 centímetros de altura que representa a una figura humana sentada sobre el lomo de un leopardo, una pieza tallada hace casi 12.000 años, cuando el Neolítico daba sus primeros pasos y mucho antes del nacimiento de la escritura.
La escultura, que permaneció enterrada bajo capas de sedimento hasta el verano de 2026, fue encontrada en Karahan Tepe (provincia de Şanlıurfa), un yacimiento descubierto en 1997 por el arqueólogo Bahattin Çelik y cuya fundación se sitúa hacia el 9750 a.C. La pieza apareció sobre una plataforma adosada al muro de una estructura circular de unos tres metros de diámetro, característica de estos núcleos de población primitivos.
El propio ministro de Cultura y Turismo de Turquía, Mehmet Nuri Ersoy, destacó el valor inédito de la obra al declarar que la talla “no se parece a nada visto hasta el momento”.
El lenguaje simbólico de los primeros pobladores
Las representaciones de interacción entre humanos y depredadores no son ajenas a la región de Urfa. En yacimientos cercanos como Göbekli Tepe o Sayburç, e incluso en excavaciones previas en la misma Karahan Tepe (donde en 2023 se desenterró una figura masculina y se conocía una estatua con un leopardo sobre la espalda de un hombre), los felinos y la masculinidad han sido motivos recurrentes.
Sin embargo, el arqueólogo Jens Notroff, del Instituto Arqueológico Alemán, señala que esta nueva pieza parece una versión invertida de las tallas conocidas: aquí es el humano quien se sitúa sobre el animal. En una época donde los leopardos eran depredadores temibles que recorrían libremente la región, representaciones de este tipo no eran casuales.
Un símbolo de poder y estatus
Para los especialistas, la imagen de un individuo controlando o cabalgando a una fiera sugiere un mensaje claro de poder, coraje y control sobre las fuerzas salvajes de la naturaleza. Esta interpretación refuerza la hipótesis de que el arte de la zona giraba en torno a la masculinidad, la virilidad y el estatus social dentro del grupo, donde las hazañas de caza contadas junto al fuego acababan plasmadas en piedra.
El valor del hallazgo reside en confirmar que mucho antes de la llegada de la agricultura a gran escala, la cerámica, la rueda o la vida urbana, los cazadores-recolectores del Creciente Fértil ya contaban con un pensamiento simbólico profundamente elaborado, utilizando la escultura para plasmar sus relatos sobre el miedo, el valor y el dominio del entorno.
