Este histórico avance científico promete revolucionar desde la purificación del aire hasta los procesos industriales de impresión 3D.

Una limitación aparentemente insalvable ha condicionado un montón de tecnologías basadas en la luz. Un equipo de la Universidad de Kyushu presenta ahora un cristal capaz de transformar iluminación visible en radiación ultravioleta, abocándonos a la oportunidad de aprovechar mucho mejor la energía procedente del Sol.
Más allá del rendimiento alcanzado, el trabajo plantea una nueva forma de redistribuir las moléculas dentro de un sólido para minimizar las pérdidas energéticas.
La paradoja resulta evidente: aunque la radiación solar baña continuamente la superficie terrestre, solo una pequeña fracción corresponde al intervalo ultravioleta comprendido entre los 300 y los 400 nanómetros. Justo esa región del espectro desencadena numerosas reacciones empleadas en fotocatálisis, descontaminación, síntesis química o endurecimiento de resinas. Por ese motivo, se sigue recurriendo a lámparas específicas, con el correspondiente consumo eléctrico.
