La jurista sudafricana fue reconocida por su trayectoria en el derecho internacional y su contribución al enjuiciamiento de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Durante el anuncio, el presidente del Comité, Jørgen Watne Frydnes, destacó que Pillay ha contribuido a abrir el camino hacia un orden jurídico mundial más amplio e inclusivo, al defender la rendición de cuentas por los crímenes más graves y promover el respeto a los principios jurídicos universales.
“La paz requiere justicia”, subrayó el Comité en su fallo, al señalar que el Estado de derecho constituye uno de los pilares fundamentales para prevenir la violencia y resolver los conflictos por medios pacíficos. El reconocimiento también pone de relieve la importancia de proteger a los jueces y las instituciones internacionales encargadas de garantizar la justicia.
Nacida en Durban, Sudáfrica, durante el régimen del apartheid, Pillay creció en una familia de origen tamil indio y construyó una trayectoria profesional marcada por su oposición a la discriminación racial y la exclusión. Como abogada, defendió a Nelson Mandela y a otras personas que lucharon contra el sistema de segregación racial que imperó en su país.
Su carrera la llevó a ocupar puestos de relevancia en algunos de los principales organismos judiciales internacionales. Se desempeñó como jueza del Tribunal Superior de Sudáfrica y del Tribunal Penal Internacional para Ruanda, además de ejercer funciones en la Corte Penal Internacional (CPI). Entre 2008 y 2014, fue alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Uno de sus aportes más destacados se produjo en el ámbito de la justicia penal internacional. Durante los procesos relacionados con el genocidio de Ruanda, su trabajo contribuyó al desarrollo de criterios jurídicos que reconocieron que la violación y otras formas de violencia sexual podían constituir crímenes de lesa humanidad y actos de genocidio.
Asimismo, tuvo un papel relevante en un proceso judicial histórico en el que se abordó la responsabilidad penal por incitación al genocidio mediante la difusión de propaganda, un precedente que amplió el alcance de la justicia internacional frente a la violencia organizada.
En 2019, Pillay también se convirtió en jueza de la Corte Internacional de Justicia en el caso relacionado con las acusaciones de genocidio contra Myanmar por el trato infligido a la población rohinyá. Además, presidió la Comisión Internacional Independiente de Investigación de las Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado, desde donde participó en los esfuerzos internacionales para documentar presuntas violaciones del derecho internacional.
El Comité Nobel destacó que su compromiso con la justicia ha permitido exigir responsabilidades a Estados y dirigentes, al tiempo que ha ofrecido esperanza a las víctimas de conflictos y violencia. Su trayectoria, señaló, demuestra que los mecanismos jurídicos pueden contribuir a prevenir abusos y fortalecer las instituciones destinadas a preservar la paz.
Con este reconocimiento, la labor de Navi Pillay adquiere una nueva dimensión internacional y sitúa en el centro de la conversación pública el papel de la justicia como herramienta para la convivencia entre las naciones. Su historia, marcada por la lucha contra la discriminación y la defensa de los derechos humanos, representa una trayectoria vinculada a la búsqueda de un mundo en el que la paz no dependa únicamente de la ausencia de conflictos, sino también de la existencia de justicia, responsabilidad y respeto a la dignidad humana.
