EL ATACAMA QUE FUE OASIS: EL FÓSIL QUE REESCRIBE LA HISTORIA DEL DESIERTO MÁS ÁRIDO

El hallazgo de un diente de capibara de 8,8 millones de años revela un pasado de ríos, vegetación y humedales donde hoy domina la aridez absoluta.

Hoy resulta casi imposible imaginar un organismo más ajeno al desierto de Atacama que un capibara. Gran parte de este territorio en el norte de Chile ostenta el título de uno de los ambientes más secos del planeta. Por el contrario, los capibaras modernos son gigantes semiacuáticos que dependen intrínsecamente del agua: prosperan únicamente en torno a ríos, lagunas, pantanos y humedales con abundante vegetación para alimentarse.Por ello, el descubrimiento de un diente fosilizado perteneciente a un antiguo pariente de estos roedores en pleno territorio atacameño plantea una paradoja fascinante.

El animal habitó la región hace aproximadamente 8,8 millones de años, durante el Mioceno tardío, una época en la que el paisaje costero chileno era radicalmente distinto al manto árido que conocemos actualmente.Un vestigio diminuto para una gran historiaEl fósil en cuestión es un fragmento del tercer molar superior izquierdo, catalogado oficialmente como MPC-3000. A pesar de su tamaño reducido, la pieza conserva la información anatómica necesaria para identificarlo como perteneciente a Cardiatherium, un género extinto de hidroquerinos estrechamente emparentado con las capibaras actuales.El resto paleontológico fue recuperado en la localidad de El Morro, un sitio integrado en la Formación Bahía Inglesa.

Esta sucesión geológica —famosa por sus depósitos de las épocas del Mioceno y Plioceno— ha entregado históricamente una riqueza fosilífera excepcional, abarcando desde cetáceos y pingüinos hasta pinnípedos y cocodriliformes.Ficha del HallazgoDetallePieza fosilizadaFragmento de tercer molar superior izquierdo (MPC-3000)TaxonomíaGénero Cardiatherium (Familia Hydrochoeridae)UbicaciónEl Morro, Formación Bahía Inglesa (Región de Atacama, Chile)Antigüedad~8,8 millones de años (Rango: 9,6 – 7,9 Ma)Técnica de dataciónUranio-Plomo (U-Pb) en circones geológicosLa clave en la arquitectura dentalLa identificación de Cardiatherium fue posible gracias a la morfología especializada que caracteriza a los molares de los hidroquerinos.

Estos animales desarrollaron dentaduras complejas formadas por múltiples láminas prismáticas, adaptadas para resistir el abrasivo desgaste de una dieta estrictamente herbívora. En el espécimen MPC-3000, la forma acorazonada del primer prisma dental resultó determinante para adscribir el resto al género, si bien la naturaleza fragmentaria del fósil impide precisar la especie exacta.

Para determinar cuándo caminó este animal por la costa chilena, el equipo de investigación recurrió a la datación radiométrica de uranio-plomo (U-Pb) en cristales de circón extraídos de los estratos geológicos circundantes. Los resultados situaron al nivel portador del fósil en una ventana temporal de entre 9,6 y 7,9 millones de años, con una edad media calibrada en 8,8 millones de años.El testimonio de un ecosistema perdidoEste hallazgo marca el registro más antiguo de un capibara en territorio chileno y uno de los testimonios más tempranos de la evolución del grupo en toda América del Sur.

Sin embargo, su trascendencia trasciende la bioestratigrafía: el fósil de Cardiatherium es, sobre todo, una prueba irrefutable de la metamorfosis ambiental de la región.La presencia de este gran mamífero confirma que, a finales del Mioceno, la franja que hoy ocupa el desierto de Atacama albergaba ecosistemas estables de agua dulce, con cauces permanentes y suficiente cobertura vegetal para sostener a la fauna semiacuática.

El pequeño molar MPC-3000 se convierte así en una ventana directa hacia una época en que el desierto más seco de la Tierra fue un entorno fértil y lleno de vida.