A diferencia de los cenotes tradicionales, este abismo inundado de 339 metros de profundidad debe su origen a la actividad volcánica y al agua hidrotermal.

Lo que a simple vista parece un abismo rodeado de vegetación es, en realidad, una de las maravillas geológicas más impresionantes del planeta: El Zacatón. Aunque popularmente se le conoce como el cenote más profundo del mundo, este coloso de 105 metros de diámetro esconde una historia de formación mucho más compleja y fascinante que la de las cavidades comunes.
A diferencia de los cenotes de Yucatán, cuya erosión es distinta, El Zacatón se formó mediante un proceso kárstico único en el que la roca caliza fue disuelta a lo largo de milenios por la acción de agua hidrotermal cargada de minerales y sulfuro de hidrógeno, vinculada a la actividad volcánica subterránea de la región.
Por su estructura vertical, guarda una estrecha relación morfológica con fallas y fosas famosas como el Sótano de las Golondrinas en San Luis Potosí o la Sima de las Cotorras en Chiapas; la gran diferencia radica en que la cavidad de Tamaulipas se encuentra completamente inundada.
Un ecosistema extremo en las profundidades
El Zacatón no solo impresiona por sus dimensiones —319 metros de profundidad submarina más 20 metros desde el borde hasta la superficie del agua—, sino también por sus condiciones particulares:
Temperatura constante: Su agua se mantiene alrededor de los 30 °C durante todo el año.
Islas flotantes: La superficie alberga pequeñas acumulaciones de zacate que se desplazan con el viento, fenómeno que le da su nombre característico.
Interés científico: En 2007, la NASA utilizó el robot autónomo DEPTHX para cartografiar su fondo e identificar microorganismos adaptados a este entorno rico en azufre.
Más que un simple cuerpo de agua, El Zacatón representa un testimonio vivo de cómo el calor del subsuelo, la química mineral y el tiempo interactúan para moldear paisajes extraordinarios en la geografía mexicana.
