Ubicada en Chiapas, la majestuosa Acrópolis supera los 74 metros de altura y reescribe la historia de las rivalidades en el mundo maya.

Contrario a la creencia popular que sitúa a la Pirámide del Sol en Teotihuacán como la estructura más imponente del país, el verdadero techo arqueológico de México se encuentra en las tierras chiapanecas. Con 74 metros de altura, la gran pirámide de la zona arqueológica de Toniná ostenta este título, superando a las grandes construcciones del centro del país.
Ubicada en el valle de Ocosingo, en un punto estratégico entre las tierras altas y bajas mayas, Toniná vivió su época de máximo esplendor entre los años 600 y 900 d.C. Más allá de sus monumentales dimensiones, la urbe destaca por haber sido el epicentro de brutales conflictos militares, desmintiendo la antigua idea de un pueblo maya pacífico.
Guerra, poder y el dominio del Usumacinta
La historia de Toniná estuvo marcada por su feroz rivalidad con Palenque, una de las grandes potencias de la época. En el año 687 d.C. estalló un conflicto entre ambas ciudades que se prolongó por 24 años, motivado por el control de la cuenca del río Usumacinta, una arteria vital para la agricultura, el comercio y la supervivencia de la región.
Como testimonio de estas batallas, en el Juego de Pelota de la ciudad se conservan esculturas de prisioneros capturados. Entre las piezas más destacadas figura la representación de un hijo del célebre gobernante Pakal de Palenque, aprehendido durante los enfrentamientos.
Una ingeniería monumental
La estructura principal de Toniná destaca por su compleja arquitectura:
Estructura: Formada por una Acrópolis de siete plataformas superpuestas que se adaptan a la colina natural.
Espacios identificados: Alberga 8 palacios, 13 templos, plazas y múltiples recintos ceremoniales.
Acceso: Una imponente escalinata central de 260 escalones conduce hasta la cima.
Además de su imponencia física, Toniná posee un valor histórico único: en sus estelas se encontró la última fecha conocida del periodo Clásico maya, correspondiente al año 909 d.C.
Tras una serie de trabajos de recuperación y acondicionamiento encabezados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la zona arqueológica ha reabierto formalmente sus puertas al público, permitiendo a los visitantes reencontrarse con el esplendor y los secretos de esta gigantesca fortaleza maya.
