HALLAN PRUEBA BIOLÓGICA DE QUE LA ÚLTIMA GRAN CIUDAD PAGANA DE EUROPA FUE UN PUNTO DE ENCUENTRO CULTURAL HACE 700 AÑOS

Un análisis de huesos y dientes de los primeros cristianos enterrados en la capital de Lituania revela que Vilna nació conectada con territorios lejanos mucho antes de adoptar oficialmente el cristianismo.

Durante mucho tiempo se ha contado la historia de la Europa medieval como un mosaico de fronteras rígidas, religiones enfrentadas y comunidades que apenas se mezclaban. Sin embargo, la realidad fue mucho más compleja. Las ciudades crecían porque atraían comerciantes, artesanos, soldados y familias enteras procedentes de lugares muy distintos. El problema es que, salvo cuando los documentos lo mencionaban explícitamente, resultaba extremadamente difícil saber quién había nacido allí y quién había llegado desde otros territorios.

Ahora, un nuevo estudio acaba de abrir una ventana excepcional a esa movilidad humana. Un equipo internacional de investigadores ha logrado reconstruir parte de la biografía de varios de los primeros cristianos de la ciudad de Vilna —la actual Vilnius, capital de Lituania— gracias a un análisis combinado de los isótopos conservados en sus huesos y dientes.

El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Antiquity, no solo identifica a personas que emigraron cientos de kilómetros durante la Edad Media, sino que obliga a revisar cómo nació una de las ciudades más importantes del noreste de Europa. Hasta ahora, los arqueólogos intuían que muchos de sus primeros pobladores cristianos podían haber llegado desde territorios eslavos vecinos gracias a joyas, cruces y objetos de tradición bizantina encontrados en sus tumbas; sin embargo, una cosa era sospecharlo y otra muy distinta demostrarlo biológicamente.

Los dientes: un pasaporte biológico imposible de falsificar
Para responder a la histórica incógnita sobre la procedencia de estos pobladores, los investigadores convirtieron el cuerpo humano en un archivo histórico.

Nuestros dientes conservan información precisa sobre el lugar donde crecimos, no porque almacenen recuerdos, sino porque incorporan los elementos químicos presentes en el agua y los alimentos durante la infancia. El esmalte dental funciona como el barro con el que se fabrica una vasija: una vez cocido, ya no cambia. Los huesos, en cambio, se remodelan continuamente y reflejan sobre todo los últimos años de vida.

Mediante una estrategia multiproxy (basada en múltiples indicadores químicos), el equipo analizó:

Carbono y nitrógeno: Para reconstruir la dieta.

Oxígeno: Para identificar el tipo de agua consumida en la infancia.

Estroncio: Para comparar la geología del lugar de origen con la de los alrededores de Vilna.

El equipo examinó los restos de quince individuos enterrados en el cementerio medieval de la calle Bokšto, situado en el casco antiguo de Vilna, uno de los mayores cementerios cristianos conocidos en una Lituania que seguía siendo oficialmente pagana entre los siglos XIII y XIV.

El caso de la tumba 311: el joven que migró desde el sur
Uno de los quince esqueletos cambió por completo la interpretación del yacimiento. Los valores isotópicos de sus dientes y huesos mostraron diferencias tan marcadas que permitieron reconstruir una trayectoria vital única.

Durante su infancia, este individuo consumió abundante mijo, un cereal que en esa época prácticamente había desaparecido de la dieta en el actual territorio lituano debido al enfriamiento climático de la Pequeña Edad del Hielo. Sin embargo, este cultivo seguía siendo habitual más al sur, en regiones correspondientes hoy al oeste de Ucrania y al sur de Polonia.

Un cambio radical de hábitos: Al alcanzar la adolescencia, su alimentación pasó a ser idéntica a la del resto de los habitantes de Vilna. Los análisis de oxígeno y estroncio confirman que emigró siendo joven desde territorios vinculados a la antigua Rus de Kiev y terminó integrándose plenamente en la comunidad donde fue enterrado.

Una comunidad cristiana próspera en el corazón del paganismo
Lituania fue el último gran Estado pagano del continente, y el catolicismo no se adoptó oficialmente hasta 1387. No obstante, este hallazgo demuestra que décadas antes de esa conversión masiva ya existían comunidades cristianas asentadas en la ciudad.

El cementerio de Bokšto sigue rituales propios del cristianismo ortodoxo: cuerpos enterrados en decúbito supino, orientados de este a oeste y acompañados en varios casos por cruces y relicarios de tradición bizantina. La química ósea ha demostrado finalmente que las redes de contacto no eran solo comerciales u objetuales, sino profundamente humanas.

Mayor movilidad masculina e integración local
El estudio reveló además una marcada diferencia de género:

Las mujeres: La mayoría presentaba firmas isotópicas compatibles con haber crecido en los alrededores de Vilna.

Los hombres: Mostraron una movilidad geográfica sustancialmente mayor.

Esta disparidad sugiere que muchos inmigrantes cristianos procedentes de territorios ortodoxos llegaron a Vilna y formaron familias con mujeres locales, quienes posteriormente habrían abrazado el cristianismo. Este mecanismo ofrece una explicación plausible sobre cómo una comunidad religiosa minoritaria logró consolidarse dentro de una sociedad oficialmente pagana.

Redefiniendo las dinámicas de las ciudades medievales
Lo trascendental de esta investigación trasciende el hallazgo individual de la tumba 311. El estudio cuestiona la idea tradicional de que las identidades urbanas medievales surgían únicamente de poblaciones locales estables, demostrando que las primeras ciudades se construían también mediante la llegada constante de personas procedentes de otros territorios.

Las causas de esta movilidad pudieron ser diversas: desde relaciones diplomáticas y oportunidades comerciales, hasta peregrinaciones religiosas o desplazamientos provocados por la Peste Negra a mediados del siglo XIV.

El hallazgo confirma que Vilna nunca fue una entidad aislada en el extremo oriental de Europa. Hace más de 700 años, la diversidad, la integración cultural y el flujo migratorio ya estaban dando forma a la capital lituana.