Un nuevo estudio demuestra que los gatos domésticos desarrollan cambios cerebrales muy similares a los de las personas mayores y abre la puerta a nuevas investigaciones sobre el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas.

Durante décadas, los ratones han sido el gran modelo de laboratorio para estudiar el envejecimiento. Su ciclo vital corto permite observar en pocos años procesos que en los seres humanos tardan décadas. Sin embargo, existe un problema evidente: muy pocos ratones alcanzan una edad biológica comparable a la de una persona de 80 años. Esa limitación ha llevado a los investigadores a buscar alternativas, y ahora un nuevo estudio apunta hacia un candidato inesperado que lleva siglos conviviendo con nosotros: el gato doméstico.
Una investigación publicada en la revista Biology Open concluye que los gatos desarrollan un envejecimiento cerebral sorprendentemente parecido al humano. No solo muestran una pérdida progresiva de volumen cerebral, sino también otros cambios anatómicos característicos de la vejez que hasta ahora se habían estudiado principalmente en personas.
