Joseph DeAngelo se movía por los barrios de California como una sombra.

Acechaba a sus víctimas durante días, aprendiendo sus rutinas antes de colarse en sus casas enmascarado para torturarlas, violarlas y asesinarlas. Al principio, atacaba a mujeres que vivían solas, pero luego amplió sus ataques a parejas. Se llevaba anillos de boda, fotos y otros macabros recuerdos de las escenas de sus crímenes.
Lo que comenzó como robos y allanamientos se convirtió en brutales ataques y asesinatos que aterrorizaron a barrios enteros, impidiéndoles dormir. Cada ola de terror en una zona distinta de California trajo consigo un nuevo apodo: el Merodeador de Visalia, el Acosador Nocturno Original, el Violador de la Zona Este y, finalmente, el Asesino del Estado Dorado.
DeAngelo asesinó al menos a 13 personas y violó a decenas más en las décadas de 1970 y 1980. En abril de 2018, casi cuatro décadas después de sus últimos crímenes conocidos, la policía, armada con pruebas de ADN, rodeó su casa en el tranquilo suburbio de Sacramento, Citrus Heights, y lo arrestó.
Vestido con una camiseta, bermudas cargo y calcetines altos, un sorprendido DeAngelo no opuso resistencia cuando los detectives irrumpieron en su casa tras entrar en su jardín. En un contraste estremecedor con la crueldad que una vez infligió, el depredador que había aterrorizado a los residentes de once condados no se defendió. Pero protestó con voz aguda: “¡Tengo un asado en el horno!”.
Una vez dentro de la fría y desnuda sala de interrogatorios del Departamento del Sheriff del Condado de Sacramento, se dejó caer en una silla de plástico. Solo, se quedó mirando fijamente las paredes iluminadas con luz fluorescente durante casi dos horas, respirando profundamente.
“Me recordaba a un abuelo desaliñado o a un tío alcohólico al que uno evitaba en la cena de Acción de Gracias. No parecía… particularmente amenazador”, escribe Thien Ho, el fiscal principal del caso, en su nuevo libro,“El pueblo contra el asesino del Estado Dorado ”. “Los monstruos de nuestra imaginación pueden verse y sentirse muy diferentes a la luz de la realidad”.
Los detectives le ofrecieron a DeAngelo una lata de Dr Pepper, la misma bebida que había dejado en varias escenas del crimen. No la tocó ni la reconoció. Los investigadores creen que temía dejar su ADN en ella, sin saber que ya lo habían obtenido de su basura, declaró Ho, actual fiscal del distrito del condado de Sacramento.
DeAngelo fue declarado culpable de múltiples asesinatos en agosto de 2020 y sentenciado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.