EL MAYO ZAMBADA BUSCA EVITAR PRISIÓN DE MÁXIMA SEGURIDAD EN EE.UU. Y MORIR EN MÉXICO

Señalan que el cofundador del Cártel de Sinaloa tiene síntomas de demencia mental.

Ismael “El Mayo” Zambada García, cofundador del Cártel de Sinaloa, ha aceptado su culpabilidad en dos cargos por crimen organizado en Estados Unidos con la esperanza de evitar ser enviado a la prisión ADX Florence, en Colorado, considerada la más estricta del país.

Según su abogado, Frank Pérez, el narcotraficante —uno de los más longevos y poderosos en la historia del narcotráfico en México— busca cumplir su condena en condiciones más humanas y, eventualmente, ser repatriado a México para morir en su tierra natal.

“Número uno, se declaró culpable porque es culpable y quería aceptar su responsabilidad”, explicó Pérez.

El defensor señaló que la principal preocupación de Zambada, de 77 años, es su estado de salud, ya que presenta síntomas de demencia, y teme no recibir atención médica adecuada ni poder ver a su familia si es recluido en la ADX Florence.

“No queremos que lo manden para el ADX. Queremos una cárcel donde le puedan dar la atención que necesita por su salud, y visitas para la familia”, subrayó el abogado.

La prisión de máxima seguridad ADX Florence, ubicada en una zona montañosa de Colorado, alberga a criminales de alto perfil, entre ellos Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, compadre de Zambada, quien ha denunciado en múltiples ocasiones el trato inhumano dentro del penal, incluyendo aislamiento prolongado y falta de contacto con sus seres queridos.

El equipo legal de Zambada, que también ha representado a miembros de su familia como su hijo Vicente y su hermano Jesús Reynaldo, busca negociar condiciones más favorables para su cliente, incluyendo la posibilidad de cumplir su sentencia en una prisión menos restrictiva o incluso en territorio mexicano.

Pese a haber sido uno de los líderes del narcotráfico más esquivos y discretos durante décadas, Zambada parece ahora resignado a un destino distinto al de muchos de sus contemporáneos: no la fuga ni el enfrentamiento, sino una vejez encarcelada, lejos del poder que una vez tuvo.