Arranca en Ginebra ronda final de negociaciones para tratado global contra plásticos

Con un llamado urgente a la acción global, este martes 5 de agosto comenzó en la sede de la ONU en Ginebra la sexta y última ronda de negociaciones para alcanzar un tratado jurídicamente vinculante contra la contaminación por plásticos, un problema ambiental y sanitario que afecta a millones de personas y ecosistemas en todo el mundo.
El presidente de las negociaciones, el diplomático ecuatoriano Luis Vayas Valdivieso, destacó que “por primera vez en la historia, el mundo está a punto de conseguir un instrumento legal para terminar con la contaminación con plásticos, una tarea difícil pero extremadamente necesaria”.
Durante la apertura del plenario, Vayas subrayó que la responsabilidad recae en los Estados y advirtió que la contaminación plástica “está dañando ecosistemas, contaminando océanos y ríos, amenaza la biodiversidad, perjudica la salud humana y afecta de forma desproporcionada a las poblaciones más vulnerables”.
La directora ejecutiva del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), Inger Andersen, recordó que esta crisis ha alcanzado niveles alarmantes:
“La polución por plásticos ya está presente en nuestra circulación sanguínea y aumentará si no actuamos. Necesitamos soluciones sólidas y urgentes”.
La funcionaria llamó a los 180 países participantes a mantener la determinación y el espíritu de solidaridad durante los diez días de negociaciones. Esta ronda, dijo, marcará el tono para la fase final ministerial, donde se espera cerrar el texto del tratado.
La negociación ha estado acompañada de protestas simbólicas, como la entrega de pastillas de jabón por parte de la Fundación Gallifrey, como gesto por un “acuerdo limpio”. Sin embargo, el método de aprobación del tratado divide a las delegaciones.
Organizaciones no gubernamentales y países ambientalistas promueven un acuerdo por mayoría que implique compromisos firmes. En contraste, productores de petróleo y potencias como China o India insisten en un consenso total, lo que diluiría el alcance del tratado y permitiría excepciones para los países más contaminantes.
Este proceso, que comenzó en 2022 y ha tenido sesiones previas en Uruguay, Francia, Kenia y Corea del Sur, busca frenar el impacto de una industria que ha producido más de 9.000 millones de toneladas de plástico desde los años 50, gran parte de las cuales ha terminado en vertederos, océanos o convertidas en microplásticos invisibles pero omnipresentes.